Relato del caso

El sábado 3 de abril de 1999, Katya Natalia y Gina Marcela -hermanas de nueve y siete años, respectivamente- llegaron al rancho en la playa propiedad de su abuelo paterno, en compañía de su padre y otros familiares. La madre de las niñas, Hilda María Jiménez, llegó después y se retiró al final de la tarde pues se había comprometido con su comunidad a participar en actividades religiosas propias de la Semana Santa. Como no era su intención quedarse a dormir en el rancho, Katya Natalia y Gina Marcela sólo llevaban ropa para un día. Así, la madre manifestó su deseo de llevárselas con ella; pero el padre de las menores, Edwin Miranda, le dijo que se quedarían con él esa noche en la playa. Tras una leve discusión, Hilda María accedió.
Lo que parecía ser un paseo normal, se transformó dramáticamente. En la madrugada del domingo 4 de abril, Katya Natalia fue violada y asesinada. Su pequeño cuerpo apareció a unos metros del rancho ubicado en Los Blancos, departamento de La Paz.
Al momento de ocurrir los hechos, eran casi 20 personas las que se encontraban en el lugar entre familiares y empleados del abuelo de Katya. Había gente con formación militar, policial y jurídica. El padre de la víctima, capitán de la Fuerza Armada de El Salvador, era Jefe de Logística del Estado Mayor encargado de la seguridad del Presidente de la República. Un tío de Katya Natalia, capitán retirado y alto oficial de la Policía Nacional Civil, era el segundo jefe de la División de Investigación Criminal de dicha institución. Otro tío que se encontraba en el lugar, también era capitán en activo.
Según el abuelo de Katya Natalia, nadie se enteró de lo ocurrido. El padre sostuvo que estaba durmiendo entre sus dos hijas en una pequeña “tienda de campaña” y también afirma que no se dio cuenta cuando sacaron a la niña de su costado. Todos los adultos dicen que los “sedaron”. Pero las contradicciones y los vacíos son tantos…Torpeza en el manejo de la escena del crimen, pasividad en las investigaciones y manipulación de las pruebas encontradas, son sólo algunos ejemplos de todo lo que se hizo para que los responsables del brutal hecho quedaran en la impunidad.
Debido a la poca diligencia oficial en el esclarecimiento del caso, Hilda María Jiménez fue la única que exigió incansablemente justicia. Ella siempre sostuvo con insistencia que su hija sólo pudo levantarse con su padre o abuelo, pues era muy tímida y tenía muchos temores.
Como resultado de la lucha de esa madre y la presión social, cuatro personas fueron detenidas en enero del 2000: el padre de Katya, acusado por el delito de abandono y desamparo en la niña; su abuelo, por el delito de violación en menor y homicidio agravado; y dos empleados que “dormían” junto a la entrada del rancho, por el delito de encubrimiento.
En los tribunales Hilda María encontró nuevas trabas en su esfuerzo por dar con el o los autores del asesinato de su hija. Tanto así que la Jueza de Instrucción encargada del caso, debido a su actitud mostrada durante el proceso, fue amonestada por la Corte Suprema de Justicia. Esta funcionaria no valoró en su debida medida los aportes que se le presentaron para el esclarecimiento del caso, desperdiciando posibles vías de investigación. Tampoco valoró la evidente actitud de encubrimiento, llegando hasta el posible fraude procesal por parte de algunos de los presentes en la escena del crimen cuando éste ocurrió. Además, trató mal a la víctima en repetidas ocasiones.
El 10 de octubre del 2000, la Jueza otorgó el sobreseimiento definitivo al padre de Katya. Los tres acusados restantes fueron sobreseidos de forma provisional, a la espera de nuevas evidencias. En octubre de 2001, el sobreseimiento provisional pasó a ser definitivo porque esas “nuevas evidencias” nunca aparecieron, debido a que la Fiscalía General de la República no investigó más.
A casi más ocho años de la muerte de Katya, la sociedad salvadoreña mantiene viva su indignación por este caso y recuerda a una madre ejemplar que luchó contra todos los obstáculos por buscar justicia. Ella puso a prueba, una vez más, nuestras débiles instituciones y reveló su ineficacia. En este caso se juntaron el encubrimiento, un presunto fraude procesal y la manipulación de pruebas para favorecer a los victimarios y dañar más a las víctimas. Pero, también, el caso generó un amplio repudio de la sociedad y convocó a la solidaridad activa para respaldar la persistente denuncia pública de esa valiente mujer. Este es uno de los casos que más cobertura a recibido por parte de los medios de comunicación y sobre el cual, sin duda, se ha opinado en cada rincón del país.
Hilda María Jiménez junto a Gina Marcela, la hija sobreviviente, tuvieron que abandonar el territorio nacional, temiendo por su seguridad. Mientras, Katya Natalia todavía espera que se le haga justicia.
Carta de Hilda María Jiménez al Fiscal General de la República de El Salvador
Licenciado Félix Garrid Safie
Fiscalía General de la República
Presente. Uno de los casos que más ha impactado a la sociedad salvadoreña, después de la guerra, es el asesinato y la violación de mi hija Katya Natalia Miranda Jiménez. Esos trágicos hechos ocurrieron entre la noche del 3 de abril y la madrugada del 4 de abril de 1999, mientras ella se encontraba de paseo en un rancho propiedad de su familia paterna ubicado en la Playa Los Blancos de la jurisdicción de San Luis, La Herradura, Departamento de La Paz. Resulta obvio que dicho crimen no pudo ser cometido por otra persona que no se encontrara al interior de dicha propiedad.
Debido a que algunos de los sospechosos del mismo fueron sobreseídos por el Juzgado de Instrucción de San Luis Talpa, el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (IDHUCA) –entidad que me representa legalmente en El Salvador– le solicitó el 28 de enero de 2003 a su antecesor, Belisario Artiga, realizar nuevas diligencias de investigación sobre el caso que permitieran la correcta individualización de sus responsables y el posterior enjuiciamiento penal de los mismos (anexo copia a la presente petición).
En vista de que dicha comunicación no fue atendida, el IDHUCA presentó otra demanda el 30 de abril de 2003. En ambas solicitudes se hicieron nuevas denuncias por los delitos de Violación, Agresión Sexual Agravada, Homicidio Agravado, Encubrimiento, Complicidad y Fraude Procesal contra todas las personas adultas que permanecieron en el entorno de mi hija Katya la noche de su muerte.
Ninguna de estas comunicaciones ha sido respondida en cuatro años, tiempo que supera la estimación del “plazo razonable” según los parámetros de derechos humanos aplicables. Mientras tanto, la violación y el asesinato de mi niña junto al resto de delitos que favorecieron o facilitaron semejantes hechos y su posterior encubrimiento, continúan en la más completa y descarada impunidad.
En esta ocasión, en mi calidad de madre de la víctima –después de una difícil y dolorosa búsqueda de justicia durante casi ocho años– le reitero el contenido de los escritos relacionados y le pido por primera vez que, como Fiscal General de la República, cumpla con las atribuciones constitucionales que le han sido encomendadas tomando en cuenta los derechos de las víctimas y la excesiva dilación del anterior Fiscal en el trámite de estas peticiones.
Cuando Usted llegó al cargo manifestó –refiriéndose al caso de Katya– lo siguiente: “Voy a revisar todos los casos emblemáticos” (CoLatino, 26 de abril del 2006). Es el momento para demostrar con hechos su voluntad de actuar como es debido en el combate a la impunidad, especialmente porque faltan dos años para que prescriba la acción penal en el caso y se convierta en otro más donde por omisión se le niega justicia a las víctimas.
En la espera de su respuesta a la presente, me despido.
Atentamente,
Hilda María Jiménez Molina
El caso en fechas
1999
Abril
3. Hilda María Jiménez deja a sus hijas Katya y Gina Marcela al cuidado de su abuela, en un rancho de playa Los Blancos en La Paz. En el rancho estaban además el padre de las niñas, el abuelo y otros familiares.
4. El cuerpo de Katya, sin vida, aparece en la arena, a unos diez metros del rancho.
6. La División de Investigación Criminal realiza la primera inspección en el lugar de los hechos. La subregional de Zacatecoluca de La Fiscalía General solicita diligencias para buscar los testigos.
8. El Laboratorio de Investigación Científica de la PNC estableció que en el pantalón corto de la menor no se encontraron rastros de semen ni sangre.
Del 9 al 14. El Organismo de Inteligencia del Estado práctico exámenes poligráficos a la familia Miranda y los empleados.
Mayo
Hasta este mes, la División de Investigaciones de la PNC sacaron n álbum fotográfico del lugar de los hechos.
En Mayo, Carlos Miranda metió la hipótesis de que un tal Doroteo Maradiaga quería hacerle daño. La Fiscalía manejaba tres hipótesis: Maras, Doroteo Maradiaga y por último algún familiar de la víctima.
Se ampliaron las declaraciones de los testigos.
Junio
Familia Miranda declaran que sintieron unas gotitas en los ojos y que notaron que les movieron los vehículos.
Un vigilante de la zona declara haber encontrado el cuerpo de la menor y moverlo hacia la playa, ya que el agua empezaba a cubrir el cadáver. Movió el cuerpo con la ayuda de cuatro sujetos que transitaban por el lugar, quienes les avisaron sobre el cadáver.
La PNC realiza la prueba del polígrafo y exámenes psicológicos a la familia Miranda.
Agosto
23. El técnico poligrafista de la PNC envío al jefe de laboratorio los resultados de las pruebas poligráficas realizadas a la familia Miranda. Las pruebas salieron negativas.
Octubre
Carlos Miranda reitera ante la Fiscalía sus sospechas contra Doroteo Maradiaga.
Hilda María Jiménez, Madre de Katya, comparece ante los medios y denuncia el asesinato de su hija. La madre de Katya había permanecido siete meses en Estados Unidos, tras el asesinato, a solicitud de su entonces esposo, Edwin Miranda.
27. Hilda María Jiménez pide ayuda al IDHUCA.
29. El Diario El Mundo publica la primera entrevista con Hilda María.
El análisis del raspado de uñas enviado a un laboratorio de granada, España, llega al país. No se encontró rastros extraños en sus uñas.
Noviembre
Carlos Miranda declara en al Fiscalía que la OIE le hizo la prueba del polígrafo pero que no le dio el resultado de la misma. Sostiene la acusación contra Maradiaga.
Subregional de la Fiscalía de Zacatecoluca y Sede Central de la Institución tiene un percance debido que al primera nunca envió la ampliación de la autopsia realizada por Medicina Legal pese a tenerla desde hacía tiempo en su poder. En dicho informe se destaca que Katya Miranda murió de asfixia por sofocación debido a que tenía poco agua en sus pulmones y estómago, y que tenía arena en su traquea y vías respiratorias.
Autoridades entrevistas a tío materno de Katya y a su madre, Hilda.
A finales de noviembre, la Asamblea Legislativa elige a Belisario Artiga como fiscal General.
Hilda María envía una nota al fiscal pidiéndole que acelere las investigaciones. Artiga responde solicitando ala OIE la investigación n paralela.
Diciembre
9. Fiscalía realiza reconstrucción de los hechos sin contar con la autorización de un juez.
31. Se incendia la casa del abuelo paterno de Katya. Dentro de la casa se encontraba al tienda de campaña en donde durmió la noche de su asesinato.
2000
Enero
18. Fiscalía convoca reunión entre familia Miranda, Hilda María e IDHUCA. Seis testigos mencionan haber visto que Edwin miranda, padre de Katya, se fue del rancho y que antes de irse, le dio un beso de lengua a Katya en la boca.
19. Edwin Miranda es arrestado bajo cargos de abandono, su padre, Carlos, por violación y asesinato. Los dos empleados del abuelo de Katya son arrestados por encubrimiento.
24. El caso es presentado ante el juzgado de paz de San luis la Herradura, quien lo manda al juzgado de instrucción de San Luis Talpa.
25. El juzgado de instrucción abre el juicio contra los imputados y da un plazo de cinco meses para recolectar pruebas.
Febrero
21. Los fiscales del caso presentan una solicitud para que se tomen declaraciones de a dos testigos como prueba anticipada, ya que estas personas tenían temor de declarar.
Hilda María pidió ayuda a la Embajada de Estados Unidos para que se investigue el caso con la ayuda del gobierno de Estados Unidos. Embajadora Anne Paterson accede, pero pide que una autoridad competente lo requiera. El fiscal general no respondió a la ayuda ofrecida.
Marzo.
17. Se hacen posibles las declaraciones como prueba anticipada de los testigos de la fiscalía. Uno de los testigos dio buenas referencias de Carlos Miranda, y el otro mencionó que el imputado ofreció beneficios a cambio de declarar contar Doroteo Maradiaga.
Mayo.
4. La jueza declara a Diario el Mundo que la fiscalía no ha presentado pruebas que incriminen a los acusados.
La defensa pide que seis testigos declaren para aportar más información. La jueza accede. Los testigos, en su declaración, contradicen lo que dijeron el 18 de enero en la reunión sostenida con la Fiscalía, el IDHUCA e Hilda María.
Hilda María solicita a la Sección de Investigación de la Corte Suprema de Justicia una investigación contra la jueza por su actitud mostrada en el caso (declaraciones del proceso a los medios).
Junio
La cámara tercera de la Sección del centro decide que la jueza seguirá conociendo el caso.
Julio
21. se realiza la segunda reconstrucción de los hechos. A la madre de Katya se le niega el acceso a la misma. La reconstrucción se suspende por la lluvia.
Septiembre
18. Se realiza la tercera y final reconstrucción del crimen.
Octubre
10. Jueza determina sobreseimiento definido para el padre de Katya, Edwin; y sobreseimiento provisional para Carlos miranda y sus dos empleados.
2001
Octubre
Los sobreseimientos pasan a ser definitivos luego de que la Fiscalía no presentó nuevas evidencias para el caso.
2002
Mayo
Procuraduría para la Defensa de los derechos Humanos emite un informe sobre el caso.
2003
IDHUCA pide reapertura del caso. No hay respuesta.
2005
Hilda María Jiménez e IDUCHA envían carta con 30 mil firmas para pedir reapertura del caso al nuevo fiscal, Felix Garried Safie. No hay respuesta.
“Ya no podemos darle el beneficio de la duda al Fiscal Safie”
Entrevista con Benjamín Cuéllar, director del IDHUCA [( 24/mar/2008 ) (EL FARO.NET)]
¿En un año se puede llegar al o los culpables del crimen?
Yo estoy convencido que sí. Si se investiga bien. Si hay una buena búsqueda quizá no de prueba científica, porque ya se dejó perder todo eso. Incluso le dieron fuego a la casa donde estaba la tienda de campaña y la ropa de la niña, el 31 de diciembre de 1999.
¿Y entonces cómo?
Con prueba testimonial es fácil. Ahí había un montón de gente que podría hablar y podrían contar, si tienen algo de conciencia.
Hace nueve años no lo hicieron.
Pero creo que hoy sí pueden hacerlo. Yo estuve en reuniones privadas con el resto de la familia, menos el abuelo, abuela, papá y empleados. Con el resto de la familia adulta nos reunimos dos veces. Hilda María (Jiméney) y yo un día; Hilda María, el fiscal general de entonces –Belisario Artiga-, los fiscales, el abogado del IDHUCA y yo… y la gente hablaba fácil. Con un interrogatorio y con una buena técnica de interrogatorio policial se podría fácilmente, creo yo… además, yo me imagino que no deben estar tranquilos.
¿Por qué?
Ellos fueron testigos de todo esto, cómplices y encubridores. Ahí tiene el Fiscal General de la República en sus manos un caso que se resolvería fácilmente. Y le puede servir para cerrar con broche de oro su mandato. O salir por la puerta de atrás como salió Belisario Artiga, quien proclamó, cuando asumió la Fiscalía, que este sería su caso emblemático, que él lo resolvería, porque era fácil de resolver. Estamos a nueve años y el caso está en la impunidad, no porque no se puede resolver si no porque no se quiere resolver.
El caso no puede reabrirse acusando a los mismos sospechosos se les acusa de lo mismo.
No, porque sería un doble juzgamiento y eso es constitucionalmente prohibido. Y se tiene razones para eso.
¿Entonces?
Se puede reabrir con una buena investigación que sustente acusaciones a diferencia de cómo se hizo la vez pasada. Belisario Artiga prácticamente nos durmió una noche antes de la captura del papá, del abuelo, en enero del 2000.
¿Cómo?
Nos dijo que tenía pruebas de que el abuelo se iba del país, que tenía copia del boleto de avión, copia del retiro de cuentas bancarias y que al día siguiente salía. Entonces metió el requerimiento sin sustento, sin fundamento y acusó de abandono al papá y de asesinato y violación al abuelo. Y de encubrimiento a los empleados y no tenía ni una base para ello. Osea, no se captura para investigar, se investiga para capturar.
¿Cuáles serían las nuevas acusaciones y contra quienes?
Creo que habría que ampliar a otros adultos que estuvieron ahí. Hay que responsabilizar a alguien por la violación y el asesinato –a uno o más personas- y al resto por encubrimiento. Pero eso depende de una buena investigación de la Fiscalía General.
¿Ese alguien quién sería?
Yo estoy convencido de que fue el papá. No creo que un padre, a menos que sea un padre desnaturalizado, deje que el crimen de su hija quede en la impunidad. Se está protegiendo él, no a su papá ni a nadie más.
¿Qué opina de que el tío de Katya, Godofredo Miranda, siga en la PNC?
Por lo menos llama sospechas. Alguien que tiene esos méritos profesionales y que fue incapaz de portarse como un profesional de la policía en el caso de su sobrina llama sospechas. Y llama sospechas que no haya sido investigado. Dentro de los deberes como policía, aunque estuviera de licencia, tenía que actuar como tal. Y no lo hizo. Y no fue investigado. Al contrario, fue ascendido. Pasó de ser segundo jefe de la División de Investigación Criminal, después provisionalmente jefe de la División de Logística y ahora tiene años, años, como jefe de la División Antinarcóticos. Algo huele mal ahí. A nosotros nos llama la sospecha.
Ese día había 17 personas en el rancho. ¿Qué hay de sus testimonios?
No hay ninguno. Es decir, testimonios sustentables no hay ni uno. Todos se alinearon con la versión del abuelo de la niña: alguien con un spray nos fue rociando uno por uno y nos durmió. ¡Por favor! Nosotros hicimos todo lo posible por ayudar a la Fiscalía: mandamos los perfiles sicológicos de los imputados a Estados Unidos, con expertos investigadores criminales, y nos decían que con solo el perfil todo apuntaba que eran sospechosos de cometer el crimen. Otro experto en somníferos al que le mandamos hasta maqueta y croquis del lugar, nos dijo que ahí solo que una avioneta hubiera pasado rociando el somnífero hubiera dormido a todos. No pudo andar de uno en uno. Además, los vigilantes andaban con machete. No sé si había pistolas.
Esa fue una versión.
Carlos Miranda también dijo que alguien había mandado a matar a su nieta, y mencionó al famoso Doroteo Maradiaga que había contratado al otro famoso “Palo” para hacerlo. Doroteo Maradiaga ya murió, aquí vino a hablar conmigo con uno de sus abogados, que ahora es magistrado de la Corte Suprema de Justicia.
La hermana de Katya ahora tiene 16, 17 años. ¿Su testimonio sería clave en este nuevo proceso?
Debe ser incluido. Ella es testigo de primera mano, ella dormía en la tienda de campaña de Katya. El problema es que ella viene de un proceso muy duro, doloroso. El trauma para ella, para que pudiera hablar, hubiera más fácilmente sido superado si hubiera visto que la instituciones la acogían, cuidaban y le daban las herramientas para cuidarla tanto a su madre como a ella. Pero eso no pasó. Lo que tenemos es una pobre niña que tenía siete años; y que a los ocho años tuvo que salir con la ropa que tenía porque su mamá había sido amenazada. Y al amenazar a su madre, fue amenazada ella también. Si ella ha logrado procesar todo esto y puede desahogarse, su testimonio es fundamental.
¿Hay probabilidades de que testifique?
Se ha trabajado con ella, con psicólogos, gente que le ha ayudado. Yo espero que se pueda contar con esto.
A la Fiscalía ya se envió una carta para que reabra el caso y aún no hay respuesta.
No. Creo que es tiempo de que dejemos de darle el beneficio de la duda y con la otra carta que esperamos presentar (que la enviará Hilda María )… que con esa carta que presentemos, también presentamos un recurso a la Corte Suprema de Justicia por violar el derecho de respuesta. Él (fiscal general, Garrid Safie) no ha dicho nada, solo una frase célebre. A través de los medios dijo que el caso no estaba impune porque no se habían cumplido los 10 años para su prescripción, que el caso queda impune cuando pasan 10 años y no se ha hecho nada. Cosa que él está cumpliendo a cabalidad. Y todo apunta a que para allá vamos.
Si hace nueve años hubo una completa violación al debido proceso, ¿qué garantiza que esta vez no ocurra lo mismo, si es que se reabre el caso?
Pueden hacer cualquier cosa, desde no hacer nada, que es una acción deliberada, por el cual puede ser denunciado el fiscal, por omisión de la investigación. Y pueden hacer un proceso, un requerimiento infundado, amañado, compadre hablado con una jueza o juez. Puede pasar cualquier cosa. Ya lo hizo el fiscal con el caso Record, por ejemplo.
¿De lo que suceda este año depende si en la Comisión Interamericana se abre el caso?
Sí. Por lo menos el sistema regional de derechos humanos ya se dio cuenta de que lo que presumía el Estado salvadoreño después de la guerra es pura pantalla. Lo vemos a cada rato… en el caso jesuitas, el Estado lleva como contraparte al abogado que defendió a los autores materiales e intelectuales del asesinato de los jesuitas. Se ha llegado al punto de la prepotencia y la impunidad absoluta que imponen como contraparte al defensor de los asesinatos de los jesuitas. Pasó algo parecido con el caso García Prieto. El Estado llegó a decir que la familia de la víctima se inventaba las amenazas. Estas son muestras de una prepotencia absoluta y de un mensaje en el que el Estado dice que no está a favor de las víctimas y que premia a los victimarios.
IDHUCA y madre de Katya Miranda quieren reabrir el caso a un año de que prescriba
A nueve años del crimen, la madre de Katya Miranda pedirá que se investigue a su ex esposo, Edwin Miranda, por asesinato y violación en contra de su hija, Katya. Hilda María Jiménez revela que tras el crimen se enteró de que tanto el abuelo como el padre de la niña abusaban sexualmente de ella. En la reapertura del caso, la madre y el IDHUCA le apuestan al testimonio de la hermana y de un testigo clave.
Miguel Campos quiere limpiar la tumba de Katya Miranda pese a que no sabe quién es ella ni lo qué le pasó, hace nueve años. Miguel apenas tiene once años, dos de los cuales los ha dedicado a lustrar y darle brillo a las lápidas del cementerio Jardines del Recuerdo.
Miguel tenía apenas dos años en 1999, y no se dio cuenta de que el resto del país se conmocionó al descubrir a una niña llamada Katya Miranda violada y asesinada en una playa frente al rancho de su abuelo paterno. En el rancho había 11 adultos y siete niños, incluida Katya. De los adultos, nadie escuchó ni vio nada. De eso hace ya nueve años, y aun no hay culpables. Un año más y el caso prescribirá, y Miguel estará entonces limpiando la tumba de una víctima cuyos asesinos quedaron impunes.
En Washington, Hilda María Jiménez, madre de Katya, no se explica cómo tras nueve años el caso aún no se ha resuelto. Jiménez tuvo que exiliarse en Estados Unidos tras recibir amenazas, cuando insistía en que se investigara el asesinato de su hija. Ahora, con el tiempo en contra, vuelve a pedir justicia para su hija y acusa directamente a quien ella cree que es culpable: Edwin Miranda, su ex esposo y padre de Katya, que en ese entonces era jefe del Batallón Presidencial.
“No se puede acusar a una misma persona por el mismo delito. Pero Edwin Miranda no fue y no ha sido juzgado por el asesinato y violación en contra de mi hija”, dice Jiménez, vía telefónica, a El Faro.
En la Playa Los Blancos, algunos testigos todavía recuerdan el cuerpecito de Katya, desnudo, boca arriba, en la arena. “Ya estaba bonita. Era chelita… Así eran las piernas mire (hace señas con las manos para explicar que eran gruesas). Fue como a las 6:30 de la mañana. Iba con mi esposo a dejar cajas de bebidas al puesto cuando vimos la multitud, ahí frente al Kilo 14. Todavía tenía puesto el calzoncito”, dice “Sonia”, una habitante y comerciante de Los Blancos. Prefiere guardar su verdadero nombre porque teme que “investigadores que no se identifican” parecidos a los de hace nueve años la lleguen a hostigar por lo que vio.
“Nadie se cree que en ese rancho nadie vio nada. Imagino el dolor de la madre y al igual que ella no entiendo cómo es que no han capturado al culpable”.
Según la autopsia de Medicina Legal, a la niña, después de violarla, le contraminaron la cara contra la arena, provocándole asfixia por sofocación. Su cara y su labio inferior presentaban laceraciones.
“Mi corazón de madre, hace nueve años, me decía que era imposible que el padre de mis hijas cometiera un crimen tan atroz. Y cuando decidí denunciar, esperaba que pudieran llegar a los culpables. Hace nueve años no creí que hubiera sido ese señor (Edwin), pero ahora existe esa probabilidad. Hay más probabilidades de que haya sido el papá y no el abuelo”, dice.
“Yo estoy convencido de que fue el papá. No creo que un padre, a menos que sea un padre desnaturalizado, deje que el crimen de su hija quede en la impunidad. Se está protegiendo él, no a su papá ni a nadie más”, comparte Benjamín Cuéllar, director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA), institución que acompañó el caso a petición de la madre de Katya.
“Hay que responsabilizar a alguien por la violación y el asesinato –a una o más personas- y al resto por encubrimiento”, añade. El IDHUCA planea presentar una carta firmada por Hilda Jiménez al fiscal general Félix Garrid Safie para que reabra el caso bajo esta nueva acusación.
Jiménez y Cuellar creen que existen los suficientes elementos y los testimonios claves para cerrar el caso y castigar a los culpables del crimen y a los culpables por encubrimiento. En esos testimonios, la madre de Katya y Cuéllar apuestan por dos: un testigo clave, que estaba esa noche en el rancho, y el testimonio de Gina Marcela, hermana de Katya, que hoy tiene 16 años.
“Hemos estado recibiendo terapias psicológicas y psiquiátricas. Acordémonos que él (Edwin) estuvo mintiéndole todo ese día a Gina Marcela sobre Katya, y en la noche la llevó de una sola vez a ver el cadáver en el féretro de su hermana. Imagínese el horror de esta niña, de ver a su hermana, su ídolo, muerta, con laceraciones en su rostro. Detengámonos a pensar qué le estaba queriendo decir Edwin a Gina. ¿Eso fue una amenaza o qué?”, dice Jiménez.
“Si se da el testimonio, todavía no sé –porque no he hablado con los abogados- si lo tienen que tomar las autoridades salvadoreñas allá o tienen que venir acá. Aunque le digo que no confío en la autoridades de mi país. Preferiría que se hiciera desde aquí, porque este país nos protege”, añade.
A la orilla del mar, hace nueve años
La playa Los Blancos es una de las cuatro playas del pacífico salvadoreño que conforman el complejo turístico Costa del Sol. La Costa, como se le conoce popularmente, se caracteriza por ser uno de los principales centros de atracción turística en las festividades del verano salvadoreño (marzo-abril); y por estar dominada por ranchos privados –y comerciales- en su orilla.
En el verano de 1999, para las festividades de semana santa, la familia Miranda fue a pasar la noche al rancho del abuelo de Katya, Carlos Miranda.
“Ese día dejé ir a mis hijas porque me lo rogó su abuela paterna, doña Rosa (Natalia Méndez de Miranda). Ella quedó a cargo de mis hijas y no entiendo cómo permitió que le pasara eso a Katy; y cómo ha podido vivir tantos años con ese crimen en su conciencia”, dice Hilda entre sollozos.
Dejó a Katya de nueve años y su hermana, Gina Marcela, de 7, al cuidado de su abuela. Además de doña Rosa, en el rancho también estaban su abuelo, Carlos; el padre de las niñas, Edwin; los primos hermanos de Edwin, Godofredo Miranda y Jorge Miranda; la esposa de Godofredo Doris Elizabeth; la novia de Jorge, Iris Rebeca; una prima de Edwin, Yanira Miranda de Recinos y su esposo, Tito Livio Recinos.
También estaban los dos empleados de Carlos Miranda, Luis Alonso López y Francisco Ramos.
Además de Katya y su hermana, ahí durmieron los niños Yanira Rafaela Recinos (12 años), Tito Livio Recinos (7), Godofredo Antonio Miranda Ríos (8), Jorge Antonio Miranda Ríos (6) y Gracia María Miranda Ríos (1 año).
En la noche del sábado 3 y la madrugada del domingo 4, alguien sacó a Katya de la tienda de dormir en la que estaba recostada junto a su hermana. Caminó junto a ella sobre la arena y pasó frente al resto de invitados, que dormía en las camas de los pick ups. El abuelo de Katya dormía, supuestamente, en una hamaca cerca de la tienda. Su abuela, en una cama a la par de su esposo. Antes de salir a la playa, Katya y su asesino pasaron frente a los vigilantes, que dormían en una ramada cerca de la salida a la playa.
El rancho de la familia Miranda hoy luce abandonado y está a la venta. Sobreviven dentro del terreno dos fosas sépticas, la piscina, tres mesas de concreto, dos bancas de concreto, una parrilla para cocinar, 24 cocoteros en el mismo terreno donde esa noche durmió la familia miranda y dos almendros. En el resto del terreno, en dirección a la carretera, hay más cocoteros, árboles de marañon, almendros y dos pozos secos. A la par del rancho, hay una propiedad privada donde los empleados dicen no recordar nada porque no vieron nada.
En el siguiente rancho hay un restaurante con piscina frente al mar, llamado el “Kilo 14”. Hace nueve años, cuando la policía investigó el crimen, uno de los vigilantes del restaurante dijo haber visto en la madrugada a unas personas que formaban un círculo. Dentro del círculo, una pareja hacía el amor sobre la arena. Como eso era una práctica común en la zona, el vigilante dijo no tomarle importancia.
“Claudia”, cocinera del Kilo 14 desde hace 15 años, recuerda que el día del asesinato, a las 7:30, ya era conocido en toda la zona que habían matado a una niña. “A esos vigilantes sólo que los busque en el Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada los encuentra. En esa época era el IPSFA el que los contrataba para cuidar aquí”, dice.
“Edwin Miranda afirma que a las 4:30 a.m. del domingo 4 se percató de que una de sus hijas, Katya Natalia, no estaba en la tienda de campaña y se dispuso a buscarla en el terreno preguntando sobre el paradero de la niña a su madre, luego a su padre y, posteriormente, a sus otros familiares. Súbitamente, dice, escuchó el grito de su madre y observó que en la playa, fuera del rancho, un grupo de personas rodeaban un cadáver: era el de Katya”, se narra en el libro “Caso Katya”, del IDHUCA.
Según las investigaciones realizadas hace nueve años, entre las 3:30 y 4 de la madrugada, el primero en llegar a la escena del crimen fue un vigilante de uno de los ranchos vecinos que, junto a otros cuatro sujetos que pasaban por el lugar, sacaron el cuerpo del agua que comenzaba a ser arrastrado por las olas.
“(…) A las cinco de la mañana, Edwin Miranda le habló su cuñado, Edmundo Jiménez, diciéndole que su hija se había ahogado. Hilda María supo de la muerte de su hija a las siete de la mañana”, continúa.
La policía y la fiscalía llegaron después a identificar el cadáver. Ahí, el médico forense dijo que la niña no había muerto ahogada. Murió por asfixia por sofocación luego de ser violada. Dentro del rancho, la tienda de campaña donde dormía la niña ya había sido levantada a solicitud del abuelo de Katya.
El tío de Katya, Godofredo, un policía con una carrera en ascenso, en ese entonces sub jefe de la División de Investigación Criminal, permitió que se contaminara la escena del crimen. Se retiró la tienda de campaña, el abuelo de Katya y el padre se llevaron el cadáver a medicina legal de San Vicente, no se impuso un perímetro ni se recogieron testimonios de los ahí presentes. Hace nueve años, cuando los medios de comunicación le preguntaron por qué no hizo respetar la escena del crimen, Godofredo Miranda respondió que no estaba de servicio.
Miranda ahora es el jefe de la División Antinarcóticos (DAN) de la PNC. El Faro pidió una entrevista con él pero el jefe de comunicaciones de la institución policial, Arturo Villeda, advirtió que Miranda no da declaraciones sobre la muerte de su sobrina.
El “spray”, “Palo” y Doroteo Maradiaga
Hay varias versiones de lo que pasó. Las principales las dio a conocer el abuelo, principal acusado de la Fiscalía por la violación y asesinato de la niña, en enero del año 2000.
Miranda declaró a la Fiscalía que tenía un enemigo, de nombre Doroteo Maradiaga, que por un asunto de dinero lo había amenazado. En la versión de Miranda, Maradiaga contrató a “Palo” (Rafael Cuenca), un reconocido delincuente de Los Blancos, para que violara y asesinara a Katya. Nunca se comprobó esta acusación. Cuenca y Maradiaga perdieron la vida hace dos años. El primero fue asesinado el 30 de agosto de 2005 por sujetos desconocidos. El segundo murió por causa natural, según dice Benjamín Cuellar.
La familia Miranda se sumó a la versión de su abuelo. Esta planteaba que “Palo” entró a la propiedad, les roció un spray adormecedor a todos y así pudo sacar a la niña del lugar.
“¡Por favor!”, dice Hilda Jiménez. “Dos miembros de la Fuerza Armada, un policía y no se dieron cuenta y no pudieron evitarlo. Eso nunca se creyó”.
Para Cuéllar y Jiménez, Carlos Miranda, un abogado y notario ya retirado, hizo los movimientos suficientes como para entorpecer la investigación y buscar el fallo a su favor y el de los otros tres acusados: su hijo, Edwin (acusado por abandono), y sus dos empleados, acusados por encubrimiento.
Cuéllar dice que el IDHUCA pidió a un experto en somníferos que determinara si de verdad pudo dormirse a 18 personas de esa manera. “Y nos dijo que ahí sólo que una avioneta hubiera pasado rociando el somnífero hubiera dormido a todos. No pudo andar de uno en uno. Además, los vigilantes andaban con machete. No sé si había pistolas”, dice Cuellar.
El IDHUCA reclama la actuación de la Fiscalía -a cargo de Belisario Artiga- por los errores que cometió en el caso. El primero de ellos se cometió la noche previa a la captura de Carlos Miranda y su hijo Edwin. Artiga había ingresado a la FGR en noviembre de 1999, después de un impasse de cinco meses en la elección del fiscal general.
El 18 de enero de 2000, Jiménez, Cuéllar y seis miembros de la familia Miranda se reunieron con ellos y el fiscal general, Belisario Artiga, para contarles lo que habían visto.
En esa reunión, los testigos comentaron que vieron a Edwin Miranda despedirse de Katya con un “beso de lengua” en la boca. Más tarde, en el juicio, estas seis personas dijeron que lo que constaba en el acta fiscal no era cierto y regresaron a la versión del spray adormecedor. Dichos testimonios, pese a que constaron en acta, fueron recogidos por la Fiscalía como información extraoficial. Al día siguiente, Belisario Artiga dijo tener las pruebas suficientes para acusar al abuelo por asesinato y violación y al padre por abandono. Y así lo hizo.
“Yanira y Doris dijeron que Edwin estaba besando a Katy. ¿Por qué se hicieron para atrás en el juicio? ¿Por qué Belisario Artiga, que prometió esclarecer el caso, tuvo dos periodos y no hizo nada? Todas esas cosas me llevan a pensar que a Edwin y a la familia se le protege por algo. Edwin era jefe del batallón presidencial. ¿Qué sabe él o qué sabe Godofredo Miranda de Calderón Sol y su gobierno para que en vez de investigarlos los hayan promovido? Edwin ahora es mayor, Godofredo es jefe de la DIC”, se queja Jiménez.
La otra versión
“A Edwin, a Godofredo y a su familia se les protege por saber algo de la administración de Armando Calderón Sol. ¿Qué, no lo sé?” dice Hilda Jiménez. “Siempre lo he dicho pero siempre se me ha censurado esa parte en los medios de comunicación”.
Tras el juicio contra el abuelo y el padre de Katya, Hilda María Jiménez se exilió en Estados Unidos debido a las amenazas de muerte que recibió en su contra si continuaba peleando por el caso.
Jiménez incluso denunció que el Organismo de Inteligencia del Estado investigó el caso e hizo pruebas con polígrafos a la familia Miranda. Cuando la Fiscalía pidió dicha investigación, el entonces jefe de la OIE respondió diciendo que esta nunca se había realizado y que las pruebas de polígrafo fueron hechas solo al capitán Edwin Miranda luego de que este las solicitara.
El caso llegó al juzgado de paz de San Luis la Herradura el 24 de enero de 2004. La jueza de paz lo envió el mismo día al juzgado de Instrucción de San Luis Talpa. Durante el juicio (duró nueve meses) la jueza Ana María Guzmán Morales declaró en dos ocasiones que las pruebas de la fiscalía no se sostenían. El 10 de octubre de 2000, la jueza decretó sobreseimiento definitivo para Edwin Miranda (acusado en ese entonces por abandono) y sobreseimiento provisional para su padre y sus empleados.
Cuando el caso fue cerrado, la jueza Guzmán Morales regañó a la madre de Katya, insinuando que por su culpa la niña había sido violada y asesinada. Meses más tarde, esta jueza recibió una sanción de la Corte Suprema de Justicia por su actuación en el caso y su actuación en contra de la madre de Katya.
La fiscalía tenía un año para presentar más pruebas en contra del abuelo de Katya y los dos empleados… y para reabrir el caso. No presentó nada. En octubre de 2001, la jueza decretó sobreseimiento definitivo y desde esa fecha el caso está archivado.
En la administración de Belisario Artiga, la Fiscalía cometió errores como el de ordenar la reconstrucción del crimen sin tener la facultad legal para hacerlo. Según la legislación, la reconstrucción de un crimen sólo la puede ordenar un juez.
El Faro intentó conocer la versión del ex fiscal Belisario Artiga pero este se excusó diciendo que ya no le compete el caso. También se intentó conocer si la Fiscalía reabrirá el caso en el último año de vigencia, pero el actual fiscal, Félix Garrid Safie, según la oficina de prensa de la fiscalía, está evaluando dar una declaración.
En la Playa San Blas, los lugareños dicen que el caso es tan fácil de resolver como así de fácil fue que las olas limpiaran la escena del crimen. A Katya no se le tomaron muestras de ADN en las uñas sino hasta la velación de su cuerpo. El blumer que llevaba puesto desapareció. La tienda de campaña, junto a su ropa, se quemó el 31 de diciembre de 1999, día en el que la casa de su abuelo fue “quemada” por sujetos desconocidos. No se pudo determinar cómo se incendió porque el abuelo, al día siguiente, barrió la escena del crimen.
“Toda la familia Miranda me falló. Godofredo no veló porque se investigara como se debía y el resto se quedaron callados. Es más, hasta hoy, yo sé que mi hija era abusada sexualmente por su padre y su abuelo”, revela Hilda Jiménez. “Me lo ha dicho gente que lo vio y lo supo. La misma persona que está dispuesta ahora a declarar lo sabe”.
La madre dice haberse enterado de esos abusos hasta después de que la niña fue asesinada. “¿Usted cree que si lo hubiera sabido o sospechado hubiera permitido que mis hijas frecuentaran a estas personas? Yo no les prestaba a mis hijas a nadie más que a su padre y a su abuela. ¡Y hasta años después me vine a enterar que abusaban de mi Katy! Para que mi Katy, Gina y yo descansemos en paz, se tiene que hacer justicia. Y seguiremos luchando por ello”.
En el cementerio, el jefe de servicios fúnebres, Juan Mena, comenta que la tumba de Katya es visitada, siempre, en el aniversario de su asesinato. “Siempre han venido medios de comunicación y de la familia materna, desde hace nueve años”, dice.
Ahí, frente a la placa de Katya, el niño Miguel Campos limpia tumbas de Jardines del Recuerdo, se encoge de hombros luego de que le contamos quién es la niña cuya lápida ha limpiado con esmero. Él está aún muy pequeño como para entenderlo. La niña del Colegio Sagrado Corazón, cuando fue violada y asesinada, también.
Extraído de: http://www.elfaro.net/secciones/Noticias/20080331/noticias1_20080331.asp
“Mi hija dijo que la lucha de su madre no ha sido en vano”
Entrevista con Hilda María Jiménez, madre de Katya Miranda
Cuando el recuerdo de la violación y asesinato que sufrió su hija Katya vuelve, nueve años después, a Hilda María Jiménez todavía se le quiebra la voz. Desde Estados Unidos, esta madre aún sigue pidiendo justicia en un caso que conmocionó al país entero desde que salió a la luz pública, en 1999. Y, ahora, cree que las piezas del rompecabezas ya están en su sitio para dar con el culpable del crimen, el cual, según ella, no puede ser otro que su ex esposo.
El testimonio de su segunda hija, Gina Marcela, que entonces tenía 7 años y ahora 16, es una de esas piezas con las que junto al IDHUCA pedirá el próximo 10 de mayo a la Fiscalía que se reabra el caso. El 4 de abril de 2009 el crimen prescribirá. Quedan 51 semanas para esa fecha.
¿Cuándo se enteró del abuso previo al que fue sometida su hija?
Me doy cuenta hace poco. Hace unos meses. Ha sido horrible, espantoso, y estoy dispuesta a llegar a las últimas consecuencias. Quien haya sido capaz de hacer algo tan monstruoso como esto tendrá que pagar ante la justicia, quiera o no. Y quiero decirle que si han tenido nueve años para disfrutar de la vida, para dormir como han querido o hacer lo que les ha dado la gana, eso se les está terminando. Y la Fiscalía quedará en evidencia de que nunca hizo nada, porque nunca tuvo voluntad. Ahora sí, que se prepare esta gente porque no podrán seguir burlando a la justicia.
¿De qué tipo de abuso habla?
De esto no puedo hablar mucho porque todavía no tengo la autorización de parte de mis abogados. Pero definitivamente sí pasó, sí sucedió, y estoy ahora convencidísima de que el asesino o los asesinos son los mismos que se han señalado desde un principio. Lo he dicho yo, lo sabe El Salvador y el mundo entero.
¿Por qué está tan convencida de la fiabilidad de esta nueva información?
Estoy convencida porque confío plenamente en las personas que lo han manifestado; y luego de eso, el señor este, Edwin Miranda, nunca fue juzgado ni procesado por el delito de violación y homicidio.¿Qué más necesitaría un juez para llevar ante la justicia a una persona que ha tenido antecedentes de ser abusador o un violador, un pedófilo… Y era el que estaba a la par de su hija. Con el único que pudo haber salido Katy era con él. Entonces, por favor, ¿que más quiere? No sé qué más querrían esperar las autoridades para girar orden de captura o para lo que esté a su alcance hacer.
Le entiendo que es más de una persona la que estaría dispuesta a hablar.
Definitivamente.
¿El testimonio de estas personas que están ahora interesadas en hablar ubican nada más los abusos previos contra Katya o también cómo sucedieron las cosas el día del asesinato?
Algunas cosas antes del asesinato y cómo le digo: no sé que más saldrá cuando tengan estas personas que dar las declaraciones a las autoridades correspondientes. Tal vez ahí se diga qué fue realmente lo que pasó esa noche.
¿Cuántas personas están dispuestas a hablar?
Esperamos que dos.
¿Estas personas estuvieron presentes el día del incidente?
Sí.
¿Por qué lo hacen hasta ahora y no lo hicieron antes?
No puedo decirle por qué no antes. Pensemos en el terror que esta niña sufrió cuando fue llevada al ataúd de su amada y adorada hermana, lo único que tenía, y al verla así, irreconocible, asesinada, ¿qué amenaza más grande y qué terror puede haber en el corazoncito, en el alma de esta niña, de apenas siete años de edad? ¿Qué más le dijeron a ella y qué vio mi hija? Ella vio que su madre denunció, que anda siendo supuestamente protegida por policías del PPI. Ella sabía que a su madre la quieren matar, asesinar, entonces dígame: ya perdió a su hermana, lo perdió todo… ¿cómo una criatura que sufrió esto querrá exponer a su madre o exponerse a sí misma a ser asesinada? Esto es algo creíble porque acuérdese que un psicólogo, un psiquiatra, son válidos como peritos y se toman en cuenta ante declaraciones como esta para comprobar que no podrían haber sido inventos ni nada que parezca.
¿No cabe la posibilidad de que las declaraciones que su hija pueda dar sean meras especulaciones o fantasías creadas por el trauma que sufrió?
No, no creo. Y yo no voy a poner en duda algo que mi hija diga. Eso se lo dejo bien claro: jamás pondré en duda lo que ella hable. Créame que si Gina Marcela dice algo, no será fácil para ella. Es un trauma tremendo. Ella ha estado entre la espada y la pared. Estos monstruos eran su sangre, y un hijo siempre espera lo mejor de su papá o de su mamá. Yo jamás la obligaría a decir algo que no ha vivido. Al contrario, he sido yo la que ha sostenido que si hay algo que tiene que decir lo dirá cuando ella quiera. Imagínese lo que ha sido para mí soportar nueve años de búsqueda de la verdad y de la justicia para Katy y también para Gina Marcela, para mis dos hijas y mis dos amores.
Otra cosa: se mencionó que Carlos Miranda padecía de pedofilia. Eso está en el expediente. Todo eso lo dije. La actitud de Edwin Miranda, con Carlos Miranda, que no se llevaba bien. Pongámosle que fueron abusados por Carlos Miranda y esto se repite, la víctima se convierte en victimario.
¿Su hija aún no ha tomado la decisión de declarar?
Lo que ella dijo en una reunión es que yo no me sienta defraudada, desilusionada; que la lucha de su madre no ha sido en vano y que tarde o temprano se sabrá la verdad. Ella ya esperó demasiado, quizá esperó que fuera esta misma gente (la que hablara), los cómplices, y ojalá que los hicieran pagar por este delito de encubrimiento. Tal vez ella esperó que lo hiciera un adulto, pero ninguno tiene esa capacidad, o esa valentía suficiente. Mi hija tarde o temprano va a sacar lo que sufrieron.
Y yo le voy a aclarar algo.
Digame.
A mí nunca se me pasó por la mente algo tan horroroso, monstruoso, despreciable, porque jamás lo viví. Yo viví abuso de ese hombre, me quiso estrangular dos veces… pero nunca sufrí un abuso de parte de mi padre, hermano, tío , abuelo… yo no podía suponer que un padre, tío, un abuelo fueran capaces de cometer una cosa tan horrorosa contra una hija o una nieta.
Supongo que usted ya conoce el testimonio que podría dar su hija.
No todo. Yo nunca la he presionado, hasta que ella esté lista, pero creo que ella ya esperó el tiempo suficiente. Y lo único que le he pedido a Dios en silencio es que mi niña hable, pero más que todo para descargar ese peso tan grande que pueda traer sobre su espalda y en su corazón.
Gina Marcela durmió en la misma tienda de campaña de donde fue sacada Katya. ¿Ella vio quién la sacó?
No le puedo decir porque no tengo esa información. Cuando ella declare, si ella vio quién la sacó, ella lo va a decir, y lo dirá ante las autoridades correspondientes. Y le digo, desde ya, aquí hay una denuncia contra Edwin Miranda. Que se prepare.
¿Cuando usted acusa a Edwin Miranda significa que exonera al abuelo de Katya de cualquier responsabilidad?
Ese es un cómplice que si él vio, él sabe. Como tremendo abogado que era, él le debe haber aconsejado cómo iban a hacer. Por eso Edwin Miranda salió todo el tiempo defendiendo a su papá. ¿Por qué el 11 de septiembre de 1999, cuando a Edwin Miranda yo le estaba diciendo “acabo de darme cuenta que a tu papá le gustaba abusar de las empleadas domésticas y que estuvo apunto de violar a la hermana del mozo que protege tanto”, él me responde: “no juzgues si no sabes ¿Qué harías si te dijera que fui yo?”? ¿Qué persona cuerda diría algo así? Lo mismo se lo dijo a mi hermana en Estados Unidos. Lamentablemente no nos dijimos esto hasta después. Después, una vez yo lloraba y le dije: sufro al pensar en la agonía que sufrió mi hija; y él me respondió: “No sufras por eso, que la Katy no sufrió”. ¿Cómo lo sabía? ¿Entonces qué fue lo que mi hija tuvo si no fue sufrimiento y agonía?
Hace nueve años usted creyó que el abuelo de Katya cometió el crimen, ahora no podría decirnos si cree que él participó o si solo estuvo protegiendo a Edwin Miranda.
Cuando puse la denuncia para que me los investigaran a todos era para que hablaran si alguien había oído algo, cómo salio la niña, etcétera. Pero sin imaginarme en lo absoluto que ellos fueron. Cuando el fiscal general me dice que esta gente sería capturada, yo me fui a hincar al baño a llorar. (En ese momento) yo pienso que sí fue el abuelo porque era un tipo de mirada sucia, de comentarios sucios y vulgares. Yo no iba a pensar que era Edwin Miranda. Las autoridades habían manejado que Edwin estaba fuera del rancho. Pero si él se ha mantenido diciendo que él estaba ahí, en medio de sus dos hijas, ¿quién más va a ser?
¿Por qué está tan convencida ahora que no fue Carlos sino Edwin?
O pudieron ser los dos. Pero no iban a ser los mozos porque los matan. Hay cuatro sospechosos… pero está bien que me haga esta pregunta, y ahora lo comentábamos con mi hermano. Una semana antes de que me mataran a Katy estuvieron con ellos, con la abuela y el abuelo en este mismo lugar. ¿Por qué no la violaron ahí? ¿Por qué no la mataron ahí, si no que cuando estaba el papá en medio de ellas y cuando estaban más tíos y todo armados etcétera? Ahí digo yo: si estaba el papá, ¿cómo iba a suceder eso? ¿Cómo iba a permitir que alguien ajeno se llevara a su hija? No podía ingresar nadie a ese rancho sin ser visto, escuchado y sin haber salido, como dicen, con los pies por delante. Los hubieran matado. No cabe ninguna duda. El asesino es uno de los dos.
Pero su convicción, ahora, es que fue Edwin Miranda.
Sí, y con autoridad se lo digo: para mí, el asesino y violador fue Edwin Miranda. Habrá andado ese infeliz desgraciado bien endrogado, o qué se yo… para que una persona sea tan desnaturalizada y desgraciada para tener el valor de hacer eso con una niña inocente no tiene que estar en su cabales o tiene que ser un demonio completo.
Usted y el UDHUCA dicen que el 10 de mayo pedirán a la Fiscalía que investigue a Edwin Miranda y tome los nuevos testimonios. ¿Para esa fecha estas personas y su hija ya habrán tomado la decisión de declarar lo que saben?
Por supuesto, claro que sí. Bendito sea Dios, que ya todo lo está poniendo en su lugar aunque la fiscalía ni el gobierno de El Salvador lo quieran.
¿Ustedes han tenido comunicación con Edwin Miranda?
El hombre dijo que vivía en Canadá. Claro, no es ningún bobo, jamás dio dirección, teléfono. Pero alguien lo vio, y dijo que vivía en Washington y que ahí trabajaba. Él mismo dijo que había andado en Orlando, Florida, con su hijo. Imagino que en alguno de estos dos lugares está.
¿Tuvieron contacto con él en todo este tiempo?
Con mi hija. Poco tiempo, poquitísimo tiempo.
¿Hace cuánto?
Desde febrero de 2007 a julio 15, que fue al última llamada que le hizo. ¿Qué fue lo que mi hija le dijo que nunca más le volvió a llamar ni siquiera para su cumpleaños?
¿Con el resto de la familia Miranda usted no tiene contactos?
En absoluto. Godofredo Miranda, que hasta mandé a decir en una entrevista con el canal 21, que no tenía nada en contra de Godofredo…. ¡por supuesto que ahora le quiero decir que es un cobarde que no quiere hablar del caso de su sobrina!
Todo lo que está diciendo son acusaciones graves. ¿No teme que la demanden por difamación o calumnias?
No. Eso se lee en internet, la gente lo dice, se escucha en entrevistas: esto es de una argolla bien grande, fulano de tal tuvo que ver… Esto ha salido desde hace mucho. ¿Qué demanda me pueden hacer a mí? Yo los puedo demandar a ellos por falta de justicia en el caso de mi hija y por esa gran protección que se le ha estado dando a esta gente.
Hermana de Katya Miranda
acepta declarar contra su padre
El IDHUCA presentó este martes ( 13/may/2008 ) una petición formal para que la Fiscalía General de la República reabra las pesquisas por el homicidio de Katya Miranda, la niña violada y asesinada hace nueve años en una playa de la Costa del Sol. La petición fue acompañada por 13 mil 500 firmas y una solicitud a la Asamblea Legislativa para que interpele al fiscal Félix Garried Safie por su actuación. En la petición, aparece por primera vez la declaración de la hermana de Katya sobre los supuestos abusos que Edwin Miranda cometió en contra de sus hijas.
“Recuerdo que estábamos nadando en una piscina y él estaba tocando mis partes íntimas debajo del agua. Lo recuerdo besando mucho a mi hermana en sus labios. Eso era repugnante”. Esta es la declaración de Gina Marcela Miranda con la cual el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA) pidió este martes a la Fiscalía General de la República que reabra el caso de Katya Miranda, la niña violada y asesinada en la playa Los Blancos, La Paz, hace nueve años.
Este extracto de la declaración que la menor –hoy de 17 años- dio el 17 de octubre de 2006 a su terapeuta sicológica en Estados Unidos, fue acompañado además con la petición del IDHUCA para que la Fiscalía vuelva a entrevistar a seis familiares de la víctima que hace nueve años rindieron un testimonio que vendría a corroborar la versión de la menor, y con el cual se vincula a Edwin Miranda, padre de las niñas, como posible autor material del crimen.
“Pedimos a la Fiscalía que reabra el caso y acuse a Edwin Miranda como autor de la violación y asesinato de Katya. Para que acuse a Carlos Miranda de cómplice y por fraude procesal y a los dos mozos por encubrimiento”, dijo el abogado del caso, Roberto Burgos. Carlos es el padre de Edwin, y hasta ahora han quedaron fuera de toda responsabilidad según las investigaciones.
El 4 de abril de 1999, Katya Miranda fue sacada de la tienda de campaña en la cual dormía junto a Gina Marcela. Fue conducida a la playa frente al rancho de su abuelo, donde la violaron y posteriomente la asesinaron. Meses después del asesinato, la FGR, conducida en ese entonces por Belisario Artiga, acusó al abuelo Carlos Miranda por el crimen, a los dos mozos (Luis Alonso López y Francisco Ramos) por encubrimiento y a Edwin Miranda por abandono. Tras ocho meses de juicio, todos los acusados fueron sobreseídos por falta de pruebas.
En el rancho, además de las hermanas Miranda, su padre, su abuelo y los dos mozos, también estaban otros seis parientes adultos, incluido el capitán Godofredo Miranda, entones subdirector de investigaciones de la Policía Nacional Civil y hoy director de la División Antinarcóticos de la institución. Nadie vio nada. Nadie escuchó nada.
Nunca se ha visto que un fiscal general pida pruebas a las víctimas para investigar un crimen. Nunca se ha visto una institución tan ineficiente como esta que apoya la impunidad y la falta de justicia para las víctimas. Pero estamos aquí, presentando nuevas pruebas, porque queremos colaborar con el señor fiscal para que en este caso haya justicia”, dijo Benjamín Cuellar, director del IDHUCA frente a las instalaciones de la Fiscalía. El acto fue acompañado por una batucada, alrededor de 100 estudiantes del colegio Sagrado Corazón y la directora del mismo, Nydia Ramos –donde estudiaba Katya-, representantes de la Iglesia Emmanuel, de la Concertación Feminista Prudencia Ayala, de la Defensoría de la Niñez y por la tía de Katya, Ana Emma Jiménez
“Esta Fiscalía debe mandar un mensaje a la sociedad de que no está al lado de la impunidad y que defiende los derechos de la niñez. Mi sobrina representa eso, una niñez que aún no encuentra protección”, dijo Jiménez. “Qué lástima que el señor Fiscal no piense así y ni siquiera tenga la dignidad de recibirnos”, añadió.
El IDHUCA esperaba entregar personalmente esta petición al Fiscal General, pero en su defecto le tocó hacerlo en la ventanilla número 1 de la recepción de denuncias. Según la oficina de prensa de la institución, Safie no estaba en su oficina porque fue invitado a una reunión con el embajador de Taiwán en El Salvador.
Hace un mes, en el marco del noveno aniversario del crimen, Safie dio escuetas declaraciones en donde planteó que no podía opinar sobre el caso debido a que no conocía “la nueva información” de la que el IDHUCA y la madre de Katya Miranda, Hilda María Jiménez, hablaban. El Faro pidió una entrevista con el fiscal, pero aún no ha habido respuesta.
En una entrevista con El Faro, Benjamín Cuéllar y la madre de Katya acusaron hace seis semanas por primera vez a Edwin Miranda, el padre de Katya, por la violación y asesinato de la niña. El IDHUCA y la madre de la menor apelaron en esa ocasión a las posibles declaraciones que Gina Marcela pudiera dar en un futuro.
“Lo que ella dijo (Gina Marcela) en una reunión es que yo no me sienta defraudada, desilusionada; que la lucha de su madre no ha sido en vano y que tarde o temprano se sabrá la verdad. Tal vez ella esperó que lo hiciera un adulto, pero ninguno tiene esa capacidad, o esa valentía suficiente”, dijo Hilda María Jiménez.
Ahora la primera declaración de Gina Marcela aparece recogida en una petición que consta de cinco páginas y en donde se le solicita al fiscal que también pida declaraciones a la terapeuta de la niña, al ex fiscal general, Belisario Artiga, y a los miembros de la familia que declararon haber visto lo mismo que cuenta Gina Marcela ante Artiga el 18 de enero de 2000. Estas personas son Godofredo Miranda, su esposa, Doris, Jorge Alberto Miranda Martínez, Rebeca de Miranda, Tito Livio Recinos y Yanira de Recinos Miranda. Los testimonios de estos familiares no fueron incluidos en el requerimiento fiscal realizado hace nueve años.
El IDHUCA también ha solicitado al fiscal que se interrogue a René Lobo, un testigo que podría aportar elementos sobre el incendio de la casa de Carlos Miranda –abuelo de la víctima- ocurrido la noche del 31 de diciembre de 1999. En ese incendio desapareció la tienda de campaña en donde dormían las dos hermanas.
Hace un mes, y a la luz de la supuesta nueva información, Hilda María Jiménez dijo estar convencida de que el verdadero responsable del crimen contra su hija fue el mismo padre de la menor, Edwin Miranda. Para la madre de Katya, el rompecabezas está completo y es hora de hacer justicia. Cuando se le preguntó si Gina Marcela –que dormía junto a Katya- vio quién sacó a su hermana de la tienda de campaña antes de que fuera asesinada, la madre respondió: “No le puedo decir porque no tengo esa información. Cuando ella declare, si ella vio quién la sacó, ella lo va a decir, y lo dirá ante las autoridades correspondientes. Y le digo, desde ya, aquí hay una denuncia contra Edwin Miranda. Que se prepare”.
A partir de este día, a la Fiscalía le quedan 46 semanas para esclarecer este crimen y encontrar a los culpables antes de que el caso prescriba. El IDHUCA, además de la petición, presentó ante la Asamblea Legislativa una solicitud de interpelación contra el fiscal, por la falta de investigación del caso durante su gestión.
En el juicio, los familiares de la víctima se avocaron a las versiones que el abuelo de la niña dio en repetidas ocasiones: o fueron mareros que entraron a la propiedad sin ser vistos, o un delincuente contratado por un enemigo del abuelo que roció un “spray adormecedor” que afectó a todos.
Con el caso cerrado, el IDHUCA y la madre de la menor han solicitado en dos ocasiones la reapertura. En la primera, en abril de 2003, la petición se presentó con 20 mil firmas de apoyo al fiscal adjunto de derechos humanos, Pedro Ávalos Laguardia. En la segunda, en mayo de 2007, 8 mil firmas acompañaron una carta enviada desde Estados Unidos por Hilda María Jiménez. La de este martes es la tercera petición.
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Demanda ante la OEA por el caso Katya
En El Salvador, los familiares maternos de la víctima han solicitado la reapertura de las investigaciones para que se indague nuevamente al padre y abuelo de la niña.
Fecha de actualización: 5/16/2008 (LA PRENSA GRAFICA)
El Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA) y familiares de Katya Natalia Miranda Jiménez demandaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA), al Estado salvadoreño por la violación de los derechos a la vida e integridad personal, garantías judiciales y protección judicial efectiva, en el caso de la muerte de la menor.En El Salvador, se ha presentado una nueva solicitud de reabrir la investigación bajo nuevos cargos contra los mismos sospechosos que ya fueron exonerados en 2000.Katya Natalia Miranda fue violada y asesinada el 4 de abril de 1999, cuando departía con su familia paterna en un rancho de playa ubicado en Los Blancos, San Luis La Herradura, departamento de la Paz.Por ello, el abuelo de Katya, Carlos Miranda, fue procesado por los delitos de violación, agresión sexual agravada y homicidio agravado; el padre de la niña, Edwin Miranda, por el delito de abandono de menor; y los vigilantes del rancho, Luis Alonso López y Juan Francisco Ramos, por encubrimiento. Todos los imputados fueron exonerados de cargos hace años.
Los demandantes sostienen ante la CIDH que el proceso de investigación estuvo plagado de irregularidades como la injerencia del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE), entre otras.
La Fiscalía, mientras tanto, es fustigada por haber ordenado y realizado la reconstrucción de los hechos ocho meses después del crimen, sin el debido control judicial, pues era un tribunal de justicia el que debió autorizar tal diligencia. Estas y otras deficiencias, argumentan los demandantes, motivaron la impunidad.
“En el caso que nos ocupa, el Estado salvadoreño no cumplió con esta obligación (de investigar seria, imparcial y efectivamente), pues las diligencias fiscales y el proceso judicial destinado a investigar la violación y muerte de Katya Natalia estuvo plagado de deficiencias y falencias que han impedido la obtención de una justicia completa, pronta y efectiva”, sostiene la demanda.
Omisiones
El IDHUCA sostiene que la Policía y la Fiscalía omitieron realizar importantes diligencias para esclarecer el crimen.
No hubo adecuado manejo del cadáver; se permitió que el mismo fuera movido del lugar donde había sido encontrado; se toleró que los familiares retiraran algunas de las prendas encontradas en la escena del delito; y no consta en las diligencias judiciales que se haya tomado declaración alguna de los presentes en el momento de los hechos, destaca la demanda.
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Dos vías de investigación en caso Katya Miranda
El mal manejo de la escena del crimen y de la recopilación de evidencias podría derivar en la reapertura del caso. Tampoco se descartan nuevos cargos a las personas absueltas.
Fecha de actualización: 6/18/2008 |
La Fiscalía General de la República (FGR) analiza dos líneas de investigación que podrían derivar en la reapertura del caso de la violación y el homicidio de la niña Katya Natalia Miranda, acaecido hace más de nueve años; y del cual ya hubo un proceso contra dos de sus familiares y dos mozos. El dictamen no dejó a ningún condenado.
Fuentes fiscales revelaron ayer que a la fecha existen dos líneas de investigación en las cuales se estudia un posible mal procedimiento de recabación de pruebas, que se dio tras el asesinato, lo cual aclararon serviría únicamente para deducir responsabilidades por negligencia.
La niña, de nueve años, fue asesinada el 4 de abril de 1999, en la playa Los Blancos, en San Luis La Herradura (La Paz). Un año después, su abuelo Carlos Miranda fue exonerado de los cargos de violación y homicidio; y su padre, Edwin Miranda por abandono. Dos mozos también fueron exonerados por encubrimiento.
El Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA), que solicitó la reapertura hace más de un mes, ha sostenido que en la investigación se cometieron graves irregularidades.
De no reabrirse el caso prescribiría el próximo año.
El fiscal general, Félix Safie, detalló ayer que aún no piensa pronunciarse al respecto, y explicó que “no he rechazado, ni tampoco confirmó la reapertura”.
El director del IDHUCA, Benjamín Cuéllar, detalló que después de solicitar la reapertura —y de la demanda contra el Estado salvadoreño interpuesta en la Organización de Estados Americanos (OEA), en mayo pasado— no ha existido contacto con las autoridades fiscales.
Según las fuentes, la otra vía investigativa estudiada sería el procesamiento de personas que ya fueron exoneradas, pero por otros delitos.
Tanto el IDHUCA, como los familiares de Katya han sostenido que las nuevas pruebas aportadas por la hermana de la víctima, Gina Marcela (que tenía siete años cuando sucedió el hecho), apuntan a que el responsable sería el padre de las menores, Edwin Miranda.
Gina Marcela habría recordado presuntos abusos sexuales por parte de su padre, luego de años de terapia. De hecho, el IDHUCA ha solicitado que se entreviste a fiscales, abogados y familiares que estuvieron en una reunión donde presuntamente se habló que los abusos ya eran conocidos.
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Hilda María Jiménez:
“Mi hija está dispuesta a declarar”
La madre de Katya Miranda, tiene la esperanza de reanudar las investigaciones con el testimonio que ofrecerá su segunda hija, Marcela.
Fecha de actualización: 6/19/2008
Hilda María Jiménez, quien vive desde hace varios años en Estados Unidos, habló ayer con LA PRENSA GRÁFICA sobre la confirmación de que la Fiscalía estudia dos posibilidades para reabrir la investigación del homicidio de su hija Katya Miranda, asesinada en 1999: para establecer un presunto mal manejo del caso; así como la acusación, pero por diferentes delitos, a personas ya procesadas.
Parte de esto se relaciona con la petición, hecha en mayo pasado por familiares de la niña -apoyados por el IDHUCA-, de reabrir el caso. En la petición se adjuntó parte del testimonio de Gina Marcela, hermana de Katya, quien aseguró a una terapeuta en EUA haber sido víctima de abusos sexuales por parte de su padre, Edwin Miranda, procesado y exonerado por abandono.
¿Qué opina sobre la información acerca de la investigación?
Doy gracias, porque al fin están tomando en serio esa solicitud que como madre les he hecho a la Fiscalía. Me parece ya terriblemente inhumano e injusto el que no hubiera una respuesta, el que se mostraran indiferentes a investigar, ya que se manejó tan mal desde un inicio todo, las investigaciones. Mi reacción, darle gracias a Dios, que por lo menos estén tratando de abrir nuevas investigaciones. No es posible que todo se lo estén dejando a mi hija (Gina Marcela), ella va a dar declaraciones en su momento, y yo estoy luchando desde aquí para que alguien venga a hacer esa entrevista.
A su juicio, ¿hubo o no un mal procedimiento? y ¿Cómo familia están interesados en que se demuestre ese presunto mal procedimiento?
De que lo hubo, lo hubo. Porque desde el momento del asesinato ellos borraron evidencia. Estaba un subjefe de Investigación Criminal de la Policía, Godofredo Miranda (tío de la niña, hoy jefe de la DAN), no me importa si estaba o no de servicio, ¿qué policía da una respuesta como esa..?
Pero cuándo usted dice “ellos borraron evidencia”, ¿se refiere específicamente a la familia Miranda o las autoridades que llegaron posteriormente?
A la familia Miranda, que tenían a un tremendo abogado, Carlos Miranda (abuelo de Katya), que era tremendo en esos asuntos; estaba Godofredo que sabía del oficio; Edwin Miranda (padre de la menor), que tenía todas las herramientas necesarias a utilizar como seguridad del presidente (en 1999) que era de llamar a las autoridades, acordonar el lugar, entrevistar testigos. Sí, quiero que se pruebe que hubo anomalías, tanto de la familia y después, sucesivamente, la Policía, la Fiscalía que no hizo bien su trabajo…
¿En qué sentido considera que la Fiscalía no hizo bien su trabajo? ¿En qué falló la Policía?
La Policía primero tuvo perdido 35 días el short de mi niña, con el que estaba cuando fue asesinada; el blúmer desapareció; dejaron que Carlos Miranda se llevara la blusa con la que mi niña estaba cuando fue asesinada. La testigo lavó esa blusa. ¿Cómo va a creer, si la tenía cuando fue asesinada? La tienda de campaña la levantaron inmediatamente, la lavaron. ¿Cómo va a creer que la Policía les iba a permitir hacer todas estas cosas? La Fiscalía sabe de esto, hace entrevistas, ¿por qué no grabaron? ¿por qué no pusieron video? (en una reunión con testigos, abogados y fiscales) que Edwin Miranda besaba a Katya en la boca y que ella no podía haber salido con nadie más de ellos (abuelo y padre), porque después dijeron que no habían dicho nada. Se retractaron. Luego, el fiscal Belisario (Artiga), ¿cómo se le ocurre ir a hacer esa reconstrucción (del hecho) y no llevar un juez?
En la nueva acusación se menciona que había “cariños extraños” entre Edwin Miranda y Katya. ¿No resulta extraño procesar al abuelo cuando había antecedente contra Edwin?
Sí, eso fue en las primeras declaraciones, lo dice la misma familia (Miranda), pero luego dice (Gina) Marcelita “mi papi no estaba ahí”, por eso es que se le imputa el cargo de abandono. Pero ellos saben que se dieron esas manifestaciones. ¿Quién es el que se mantiene diciendo que estaba en medio de las dos? ¡Es él, por favor! (Edwin Miranda, padre).
Usted, en un principio, ¿estuvo de acuerdo con la acusación en contra de Carlos Miranda?
Sí, estuve de acuerdo que a raíz de las investigaciones, pensé ‘este (hombre) padece de pedofilia y sí lo pudo haber hecho’. Hasta hace poco es que yo he podido empezar a pensar esa monstruosidad (la responsabilidad de Edwin). Hoy sí puedo pensar que él pudo hacerlo, porqué no voy a dudar de lo que mi niña diga, pues tuvo la osadía de tocar y molestar a mis hijas.
¿Hay más recuerdos de su hija que refuercen esto? Si el caso se reabriera, ¿viajarían o preferiría que la declaración fuera tomada en Estados Unidos?
Mi hija me dijo algo hace unos 10 días, que ella, salga lo que salga del caso, no va a retroceder para el caso de ella: testificar que ella fue abusada. Espera que, pues, haya también un caso, el caso de Katya. Yo ahora no puedo decirle nada, pero sí le puedo decir que mi hija está dispuesta para que esto no quede así. Yo me muero por ir a El Salvador, pero tengo que ver primero si se nos garantizan la vida, porque tenemos un miedo terrible, no sé qué van a decidir. Las declaraciones se van a dar tarde o temprano.
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